Wilaya & Mr Fiontraí: “Uno sólo es el mundo.”

Autoras: Lidia García y Bárbara García. En los próximos meses está previsto la exposición de esta y de muchas obras más, producidas por estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.

O al menos así debería ser. Pero lo cierto es que la polarización y la desigualdad están cada vez más presentes y acentuados gracias al poder del mundo occidental, que bajo su propia crisis se está olvidando por completo del resto.

El Norte subyugó al Sur, no sólo explotando los recursos naturales y arrasando el territorio sino también esclavizando a sus habitantes, que son precisamente los que vivían de ese territorio y a la vez le daban vida, gracias a que no sólo conocen perfectamente su entorno y sus posibilidades, sino que además lo protegen y respetan, empatizan con él. Algo imposible de comprender desde las alturas de un rascacielos.

Descripción formal de la obra

Wilaya y Mr Fiontraí representan las dos caras de la moneda. Esas que ahora están enfrentadas pero que deberían complementarse.

A primera vista son completamente antagónicos. Wilaya es un dibujo a carboncillo, material negro por antonomasia y muy relacionado con culturas primitivas que crearon las pinturas rupestres tan ligadas a su entorno, sobre madera que representa a la población indígena, y el Sur. Todo lo relacionado con él es natural y orgánico. Mientras que Mr. Fiontraí representa todo lo contrario, lo inorgánico y lo artificial, cualidades propias de un mundo poseído por la tecnología, que ha perdido el contacto con el territorio y sus habitantes. De ahí que sea un dibujo sobre chapa metálica y a base de colores flúor en spray, siendo el blanco el que conforma la figura propia del mundo occidental, y el Norte.

Sin embargo, una mirada más profunda delataría lazos que unen a ambos. Estos dos habitantes ocupan el territorio que en principio no correspondería. Wilaya se encuentra sobre el plano de una ciudad occidental, como Madrid, y Mr Fiontraí se perfila sobre las siluetas de América Latina y África. Por lo tanto, presenciamos las dos mitades de un todo preparadas para encajar y complementarse. Porque no sólo se trata del territorio en el que nacemos o vivimos, sino de nuestra relación con él.

Nosotros, sus habitantes, somos los que decidimos cómo será esa relación con él y entre nosotros mismos. Está en nuestra mano proteger el territorio que nos da la vida y a todos sus habitantes sin desigualdades y en libertad, para así poder ser al fin un sólo mundo.